| |
Tiempo estimado de lectura 3'16''
El Sol siempre está manchado, pero cada once años
parece estarlo más. Ahora, tres científicos del Departamento de
Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA han
conseguido explicar el por qué de esos cambios en la superficie del
Sol, tras analizar cientos de imágenes y registros de datos que se
han tomado desde 1874.
Las manchas del Sol son "manchas" sólo
desde la mirada humana. Esas pequeñas regiones oscuras en la
superficie de la gran estrella son —en realidad— sus zonas más
frías.
"El número de manchas solares fluctúa, con máximos
y mínimos que se repiten aproximadamente cada once años —dijeron a
Clarín los investigadores Pablo Mininni ,
Daniel Gómez y
Gabriel Mindlin—. Sin embargo, es importante destacar que este ciclo
es irregular, ya que no dura once años exactos".
El interés
de los científicos no pasa sólo por el conocimiento de los cambios
en la superficie del Sol. El punto es que esos cambios pueden
afectar a ciertas actividades en la Tierra, como las
comunicaciones de radio o las órbitas de los satélites
artificiales de baja altitud.
Todo eso ocurre como
consecuencia de las tormentas geomagnéticas que se producen por la
interacción violenta entre el Sol y nuestro planeta (es por el
encuentro entre cierto tipo de nubes expulsadas por el Sol y el
campo magnético terrestre).
"En los últimos años, muchos
científicos han empezado un estudio detallado de la actividad solar,
con el fin de pronosticar las tormentas geomagnéticas. Porque un
mejor pronóstico redundaría en un claro beneficio económico",
señalaron los científicos.
Sin embargo, el estudio que
realizaron los tres investigadores de la UBA le puso un freno a esa
ansiedad humana por predecirlo todo. "Nuestros resultados limitan la
posibilidad de llevar a cabo predicciones precisas", afirmaron. Los
resultados fueron publicados el 5 de agosto en la prestigiosa
revista Physical Review Letters, editada por la Sociedad
Americana de Física, de los Estados Unidos.
La presencia de
las manchas del Sol —que tienen entre 10.000 y 20.000 kilómetros de
diámetro— indica una fuerte concentración de campo magnético en la
región. Según explicaron los investigadores, muchas manchas
desaparecen a los pocos días de formarse, pero algunas más grandes
sobreviven por varios meses.
Las manchas solares aumentan
entonces cada 11 años aproximadamente. Y ese aumento está
relacionado con la creación y destrucción del campo magnético en el
Sol. Esto es, el Sol es como un gran imán que se va deformando y
reconfigurando. A su vez, esos cambios en el campo magnético se
deben a la rotación del Sol sobre su eje y a los movimientos del gas
que hay en su interior.
Después de analizar datos obtenidos
en el Observatorio de Greenwich desde mayo de 1874 hasta ahora por
una técnica novedosa (llamada "descomposición bioortogonal"), los
investigadores argentinos demostraron que el ciclo solar puede
entenderse como la superposición de dos fenómenos
distintos.
"Por un lado, la rotación del Sol y los
movimientos de su interior crean y destruyen el campo magnético cada
11 años, dando como resultado el aumento y la disminución de la
actividad en las manchas".
Pero, por otro lado, en el Sol se
produce un fenómeno similar al que se ve cuando el agua entra en
ebullición en una olla. En su superficie, se dan movimientos
desordenados de un gas —llamado plasma—, que se producen por las
diferencias de temperaturas.
"Esos movimientos agregan un
componente de azar en la aparición de las manchas. Y esto explica
por qué el número de manchas no se repite cada 11 años con el mismo
valor", agregaron.
Esto significa que si bien el ciclo del
Sol puede verse como un sistema ordenado, en el cual la rotación del
astro crea y destruye campo magnético, no es tan "prolijito" como
parece. Es también un sistema afectado por fluctuaciones
desordenadas provenientes de los movimientos al azar de la
superficie solar.
"Por eso —advierten los físicos de la UBA—
nuestros resultados destruyen la esperanza de predecir exactamente
el número de manchas con mucha anticipación". Así, dieron por tierra
las expectativas de una parte de la comunidad científica que pensaba
que iba a disponer de reglas matemáticas sencillas para calcular el
número de manchas. Entonces, el Sol seguirá manchado, con su propio
orden y su particular desorden.
|