Lunes 12 de agosto de 2002
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INVESTIGACION DE TRES CIENTIFICOS DE LA UBA RECONOCIDA INTERNACIONALMENTE
Estudio sobre manchas solares

Valeria Román. DE LA REDACCION DE CLARIN.

 





Tiempo estimado de lectura 3'16''

El Sol siempre está manchado, pero cada once años parece estarlo más. Ahora, tres científicos del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA han conseguido explicar el por qué de esos cambios en la superficie del Sol, tras analizar cientos de imágenes y registros de datos que se han tomado desde 1874.

Las manchas del Sol son "manchas" sólo desde la mirada humana. Esas pequeñas regiones oscuras en la superficie de la gran estrella son —en realidad— sus zonas más frías.

"El número de manchas solares fluctúa, con máximos y mínimos que se repiten aproximadamente cada once años —dijeron a Clarín los investigadores Pablo Mininni , Daniel Gómez y Gabriel Mindlin—. Sin embargo, es importante destacar que este ciclo es irregular, ya que no dura once años exactos".

El interés de los científicos no pasa sólo por el conocimiento de los cambios en la superficie del Sol. El punto es que esos cambios pueden afectar a ciertas actividades en la Tierra, como las comunicaciones de radio o las órbitas de los satélites artificiales de baja altitud.

Todo eso ocurre como consecuencia de las tormentas geomagnéticas que se producen por la interacción violenta entre el Sol y nuestro planeta (es por el encuentro entre cierto tipo de nubes expulsadas por el Sol y el campo magnético terrestre).

"En los últimos años, muchos científicos han empezado un estudio detallado de la actividad solar, con el fin de pronosticar las tormentas geomagnéticas. Porque un mejor pronóstico redundaría en un claro beneficio económico", señalaron los científicos.

Sin embargo, el estudio que realizaron los tres investigadores de la UBA le puso un freno a esa ansiedad humana por predecirlo todo. "Nuestros resultados limitan la posibilidad de llevar a cabo predicciones precisas", afirmaron. Los resultados fueron publicados el 5 de agosto en la prestigiosa revista Physical Review Letters, editada por la Sociedad Americana de Física, de los Estados Unidos.

La presencia de las manchas del Sol —que tienen entre 10.000 y 20.000 kilómetros de diámetro— indica una fuerte concentración de campo magnético en la región. Según explicaron los investigadores, muchas manchas desaparecen a los pocos días de formarse, pero algunas más grandes sobreviven por varios meses.

Las manchas solares aumentan entonces cada 11 años aproximadamente. Y ese aumento está relacionado con la creación y destrucción del campo magnético en el Sol. Esto es, el Sol es como un gran imán que se va deformando y reconfigurando. A su vez, esos cambios en el campo magnético se deben a la rotación del Sol sobre su eje y a los movimientos del gas que hay en su interior.

Después de analizar datos obtenidos en el Observatorio de Greenwich desde mayo de 1874 hasta ahora por una técnica novedosa (llamada "descomposición bioortogonal"), los investigadores argentinos demostraron que el ciclo solar puede entenderse como la superposición de dos fenómenos distintos.

"Por un lado, la rotación del Sol y los movimientos de su interior crean y destruyen el campo magnético cada 11 años, dando como resultado el aumento y la disminución de la actividad en las manchas".

Pero, por otro lado, en el Sol se produce un fenómeno similar al que se ve cuando el agua entra en ebullición en una olla. En su superficie, se dan movimientos desordenados de un gas —llamado plasma—, que se producen por las diferencias de temperaturas.

"Esos movimientos agregan un componente de azar en la aparición de las manchas. Y esto explica por qué el número de manchas no se repite cada 11 años con el mismo valor", agregaron.

Esto significa que si bien el ciclo del Sol puede verse como un sistema ordenado, en el cual la rotación del astro crea y destruye campo magnético, no es tan "prolijito" como parece. Es también un sistema afectado por fluctuaciones desordenadas provenientes de los movimientos al azar de la superficie solar.

"Por eso —advierten los físicos de la UBA— nuestros resultados destruyen la esperanza de predecir exactamente el número de manchas con mucha anticipación". Así, dieron por tierra las expectativas de una parte de la comunidad científica que pensaba que iba a disponer de reglas matemáticas sencillas para calcular el número de manchas. Entonces, el Sol seguirá manchado, con su propio orden y su particular desorden.


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